Hoy iba a hablar del libro "Alguien voló sobre el nido del cuco" de Ken Kesey. Pero conformé me lo acabé ayer, empecé "On the road" de Jack Kerouac. Ya veís ando siguiendo una generación de escritores (a mí que siempre me ha gustado saltar de una época a otra).
La reseña vendrá en breve, pero hoy me he acordado de las típicas frases que tanto oigo últimamente: "Es la edad", "Estás en la edad", "Cosas de los veintitantos". Y yo que odio lo típico, las detesto por tópicas. Pero hoy, Kerouac, que escribío este libro cuando contaba entre veintiséis y veintisiete años (allá por el final de los años 40) me ha sorprendido con este parrafo:
"Cuando me lo encontré aquella mañana en Mill City estaba pasando esos días malos y deprimentes que tienen los jóvenes hacia los veinticinco años. Andaba a la espera de un barco, y para ganarse la vida trabajaba de vigilante en los barrancones del otro lado del desfiladero. Su novia Lee Ann tenía una lengua muy larga y no había día en que no le llamara al orden. Se pasaban la semana entera ahorrando para salir los sábados a gastarse cincuenta dólares en sólo tres horas. Remi andaba por la casa en pantalones cortos y con un disparatado gorro militar en la cabeza. Lee Ann llevaba la cabeza llena de rulos. Vestidos así, se pasaban toda la semana riñendo. Nunca había oído tal cantidad de insultos en toda mi vida. Pero el sábado por la noche, sonriéndose amablemente uno al otro, salían como un par de personajes importantes de Hollywood y bajaban a la ciudad."
jueves, 15 de noviembre de 2007
martes, 6 de noviembre de 2007
"Rebeldes" de S.E. Hinton
Esto es lo que se puede leer en la contraportada del primer libro que me hizo llorar. Ponyboy, Sodapop y Darri, tres hermanos, tres amores platónicos que se turnaban según la edad en que lo leyera.
La historia no es muy original, pero no necesita serlo. Siempre hay libros juveniles (y de "adultos", je) que tratan el tema de la tribus urbanas, de las bandas callejeras y, uy, que malos todos pero que buenos en el fondo. Aquí nadie es bueno ni malo y todos meten la pata y no se culpa a la injusta sociedad, simplemente se habla de unos críos que van creciendo. Tal y como fui creciendo yo: primero lloraba con la sorpresa del asesinato, luego con la ilusión del optimismo, más tarde con la injusta muerte y ayer, lloré con la impotencia del hermano mayor, con su mirada fría, con su coraza.
No es un clasico, no tiene un estilo de nobel, no destaca por su originalidad pero sigue emocionándome.
domingo, 4 de noviembre de 2007
OTOÑO - Ojos de tierra - OTOÑO
Cuando los sueños del valle se alzan
y dejan ver a las ovejas que los trajeron,
entonces siento tus ojos de tierra
que mi silueta recorren con amor.
Cuando despierta con un ronquido la sierra
y los árboles, susurrando, se dejan mecer,
entonces siento tu mirada de lluvia
imaginándome con pasión.
Cuando las bestias olvidadas callan
y los inquietos sueños vuelven a aparecer,
entonces siento tus iris de musgo
buscando en mi cuerpo calor.
jueves, 18 de octubre de 2007
AMIGOS, LINIERS; LINIERS, AMIGOS

Hace poco que descubrí a Liniers. Sensible, irónico y absurdo. Para emocionarse, sonreír y pensar. Creo que me estoy convirtiendo en admiradora suya. Aún no he pasado la barrera que me convertiría en fan, porque la verdad es que su biografía no me interesa demasiado. Sus tiras son demasiado geniales como para asociarlas a alguien concreto.
Es argentino. Creo que mi afición a los dibujantes más "boludos" del otro lado del atlántico comenzó con Quino. Aprendía a leer Mafalda antes de saber que la M junto a la A se convertían en MA. La casa de mi abuela en el pueblo estaba llena de librillos y hojas sueltas llenas de Manolitos, Susanitas, Felipes y Libertades, muchas libertades.
Más tarde Quino empezó a asomar su nariz en el suplemento de El País que yo devoraba los domingos lluviosos en mi casa. Esas tormentas trajeron la fiebre del crítico social más ingenioso a las estanterias de la ciudad, que florecieron de libros gordos como códices.
Cuando las tres mujeres de la casa nos empezamos a alterar llegó Maitena. Con su humor feminista, ácido y, también, argentino. Yo empezaba a tomar decisiones solita, y en ella encontré un buen reflejo de esas contradicciones que nunca me han abandonado y de las paradojas que se pasean por el mundo.
Ella es mordaz, pero muerde con ternura. Se ríe de todo, hasta de las cosas que más le molestan. Todas las ocasiones en que me encuentro con una viñeta suya acabo relativizando mis sentimientos y reafirmando mi derecho a vivirlos.
Ahora es Liniers quien me hace compañía (y a quien me saluda virtualmente) en las noches en las que comienzo a aceptar el absurdo del día a día, la sociedad que nos toca cambiar y los sinsentidos de hacerse mayor. Por ello os lo quería presentar. A quienes ya lo conozcáis, para que me refutéis o me déis la razón. A quienes le acabáis de dar la mano, para evitar que la soltéis antes de tiempo.
viernes, 12 de octubre de 2007
LOLITA, de Vladimir Nabokov
A-NO-NA-DA-DA. Así, dicho despacito, es como me he sentido mientras leía Lolita. Mi incultura me había llevado a pensar que era un libro con tintes eróticos (lo que me atraía) contado a lo “road movie” (lo que me repelía). Bien, no es un libro erótico ni está contado según un género claro, pues mezcla distintos estilos de narración.
¿Provocador? Subversivo, pero nada inmoral. Amoral, quizás, como considero que lo son las mayores obras de arte.
Es el libro que más me ha impactado por la historia que cuenta y por cómo la cuenta. Llega a las algas de las simas más profundas de los personajes, a veces puedes tocarlas, a veces te las muestra como en un documental, a veces te las describe de la manera más cruda y apasionada.
No esperéis un tratado sobre pederastia, ni la recreación del mito erótico de la lolita (el mito y la obra sólo tienen en común el nombre), ni una historia de amor alejada de las convenciones. Podéis encontrar todo esto si vais con algún tipo de prejuicio, pero yo os aconsejo que os dejéis llevar. Que os indignéis con Humbert Humbert, que os entren ganas de partirle la cara a Lolita, que os riáis de los dos, que los lloréis, que los comprendáis, que los juzguéis... Porque los personajes son más humanos que nosotros. Porque te persiguen. Porque buscas una explicación que no existe durante todo el día.
No tengo más palabras, hay que leerlo con las tripas. A mí ahora me toca la segunda parte: dejarlo reposar.
¿Provocador? Subversivo, pero nada inmoral. Amoral, quizás, como considero que lo son las mayores obras de arte.
Es el libro que más me ha impactado por la historia que cuenta y por cómo la cuenta. Llega a las algas de las simas más profundas de los personajes, a veces puedes tocarlas, a veces te las muestra como en un documental, a veces te las describe de la manera más cruda y apasionada.
No esperéis un tratado sobre pederastia, ni la recreación del mito erótico de la lolita (el mito y la obra sólo tienen en común el nombre), ni una historia de amor alejada de las convenciones. Podéis encontrar todo esto si vais con algún tipo de prejuicio, pero yo os aconsejo que os dejéis llevar. Que os indignéis con Humbert Humbert, que os entren ganas de partirle la cara a Lolita, que os riáis de los dos, que los lloréis, que los comprendáis, que los juzguéis... Porque los personajes son más humanos que nosotros. Porque te persiguen. Porque buscas una explicación que no existe durante todo el día.
No tengo más palabras, hay que leerlo con las tripas. A mí ahora me toca la segunda parte: dejarlo reposar.
miércoles, 19 de septiembre de 2007
Soñando voy, soñando vengo, por el caminoooo, yo me entretengo
Ayer, en esos pequeños ataque de optimismo que me invaden en los días que puedo disfrutar tanto del sol como de la lluvia, me dio por pensar en los sueños que tenemos, que cumplimos, que olvidamos...
Hice tantas tipologías como sueños recuerdo:
El sueño que nunca supimos que deseábamos hasta que lo encontramos (véase mi parient)
El sueño que le queda mejor a otra persona (véase éxito profesional)
El sueño que nos inventamos cuando olvidamos los demás (véase viajes o vestidos)
El sueño anticomplejos (véase eliminar defectos físicos)
El sueño que compartimos con los demás (véase la lotería)
El sueño de la infancia que algún día hará de colchón (véase ser una soltera molona)
El sueño por fascículos (véase aprender a ser feliz)
El sueño que cuando consigues pierde brillo y gana intensidad (véase total y obligada independencia económica)
El sueño que aún no has soñado (véase... ya he dicho que áun no lo he soñado)
El sueño que más deseas para los demás (véase una casa para mamá)
El sueño pequeñito (véase ver siempre esa sonrisa)
El sueño ambicioso (véase todos los sueños cumplidos y mejorados)
El sueño fiasco (véase acabar con un amor platónico equivocado)
Hice tantas tipologías como sueños recuerdo:
El sueño que nunca supimos que deseábamos hasta que lo encontramos (véase mi parient)
El sueño que le queda mejor a otra persona (véase éxito profesional)
El sueño que nos inventamos cuando olvidamos los demás (véase viajes o vestidos)
El sueño anticomplejos (véase eliminar defectos físicos)
El sueño que compartimos con los demás (véase la lotería)
El sueño de la infancia que algún día hará de colchón (véase ser una soltera molona)
El sueño por fascículos (véase aprender a ser feliz)
El sueño que cuando consigues pierde brillo y gana intensidad (véase total y obligada independencia económica)
El sueño que aún no has soñado (véase... ya he dicho que áun no lo he soñado)
El sueño que más deseas para los demás (véase una casa para mamá)
El sueño pequeñito (véase ver siempre esa sonrisa)
El sueño ambicioso (véase todos los sueños cumplidos y mejorados)
El sueño fiasco (véase acabar con un amor platónico equivocado)
jueves, 13 de septiembre de 2007
Batallando
Sabía que tenía que pensar en positivo, sabía que tenía que relajarse, nada debería afectarle, y menos podía cambiarle el humor la falta de algo que necesitara, pues no debería necesitar nada, debería ser autosuficiente. Así se lo habían enseñado en la Academia Militar. Fortaleza, optimismo, voluntad, lucha... Pero a ella no le salía bien, no sabía despreocuparse de los detalles, las pequeñas nimiedades le venían grandes. Estaba más acostumbrada a identificar un grave problema, averiguar la solución, llevarla a la práctica en un espacio corto de tiempo y despreocuparse. Era capaz de matar a un enemigo en un segundo, con un tiro certero en la sien, volver a reanimar a su compañero caído y conciliar el sueño sin problemas al llegar al campamento. Pero lo difuso la sacaba de quicio, necesitaba definir conceptos, incluido el tiempo de duración. Estaba claro que la vida no era una batalla, era una guerra con enemigos que se convertían en aliados y traidores en el cuerpo, sin una fecha conocida de la firma del tratado de paz, sin el arma adecuada para cada momento, sin el mismo rancho todos los días que te asegura que ganes o pierdas seguirás comiendo mientras sigas vivo. Pero esta era su verdadera guerra y tendría que aprender a ser estratega y dejar atrás a la soldado.
sábado, 8 de septiembre de 2007
"La señora Dalloway" de Virginia Woolf
"Porque ya no lo soportaba más. Aunque el doctor Holmes dijera que no era grave. ¡Cuánto más preferiría que hubiera muerto! No podía seguir sentada a su lado cuando miraba de quel modo y no la veía y todo resultaba tan terrible; cielo y árboles, niños que jugaban arrastrando sus cochecitos, tocando el silbato, cayéndose; todo era terible. Septimus no se mataría; y ella no se lo podía contar a nadie. "Ha trabajado demasiado", era todo lo que podía decirle a su propia madre. Amar nos separa de los demás, pensó. No se lo podía contar a nadie, ni siquiera a Septimus ya, y, al volver la vista, lo vio sentado, solo, con su abrigo raído, en el banco, inclinado hacia delante, mirando fijamente. Y era cobardía en un hombre hablar de quitarse la vida, pero Septimus había luchado en la guerra; era valiente; pero ya no era Septimus. Si se ponía el cuello de encaje, si se ponía el sombrero nuevo, su marido no se daba cuenta; y era feliz sin ella. ¡Ella nunca sería feliz sin él! ¡Nunca jamás! Septimus era egoísta. Como todos los hombres. Porque no estaba enfermo. El doctor Holmes decía que no le pasaba nada. Extendió las manos. ¡Mira! El anillo de boda le bailaba en el dedo, de tan delgada como se había quedado. Era ella quien sufría..., pero no tenía a nadie a quien contárselo."
martes, 4 de septiembre de 2007
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Alguien dijo una vez:
"Ámame cuando menos me lo merezca, porque será cuando más lo necesite"
Hasta ahora siempre pensaba en esa frase como una petición que hacer cuando necesitabas perdón, comprensión o cualquier tipo de apoyo.
Hoy me pongo en el lugar de quien ama, y es increíble sentir que no es algo que cueste esfuerzo, sino que sale natural.
Ahora toca amar a quien siempre lo mereció cuando más lo necesita.
"Ámame cuando menos me lo merezca, porque será cuando más lo necesite"
Hasta ahora siempre pensaba en esa frase como una petición que hacer cuando necesitabas perdón, comprensión o cualquier tipo de apoyo.
Hoy me pongo en el lugar de quien ama, y es increíble sentir que no es algo que cueste esfuerzo, sino que sale natural.
Ahora toca amar a quien siempre lo mereció cuando más lo necesita.
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